domingo, 27 de noviembre de 2011

El poder de las palabras

Ya lo dijo José Ortega y Gasset " Las palabras no son palabras si no cuando son dichas por alguien" Tenemos en nuestro poder el don de la comunicación. ¿Cómo queremos utilizarla?. Comparto con vosotros esta presentación que nos invita a reflexionar sobre el poder de las palabras. Disfrutadla.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Aviso

Los participantes de la asociación Zoes estamos de enhorabuena. El taller de literatura y lectura ha ampliado su horario para que podamos profundizar en el viaje de la lectura al que nos hemos embarcado.
Estáis todos invitados.
Nos vemos en Zoes los MARTES de 20,15 a 22,00.
¡TE ESPERAMOS!

No hay mal que por bien no venga

De la mano de nuestro amigo Miguel Sánchez Marcos, el cual me ha proporcionado este cuentito, comparto con todos vosotros este pequeño relato con enseñanza. Gracias, Miguel.


No hay mal que por bien no venga

Un día, el emperador Akbar y su gran visir Birbal salieron camino de la selva. Iban a la caza del tigre de Bengala. El emperador marchaba delante, pero -¡qué mala suerte!- se disparó el fusil y se hirió en un dedo. El visir Birbal le entablilló el dedo. Mientras lo hacía, le animaba con una serie de reflexiones muy sencillas:

-Majestad, nunca sabemos qué es lo bueno y qué es lo malo. Qué sabemos de lo que puede sucederle gracias a la herida. El emperador montó en cólera; no podía aguantar filosofía barata y arrojó a un pozo a su gran visir y siguió su camino por la selva. Pero le salió al encuentro un grupo de guerreros salvajes que buscaban una víctima digna para ofrecer a sus dioses. Cuando todo estaba preparado para el sacrificio humano, el hechicero se acercó al emperador y en cuanto se dio cuenta de la mano herida lo rechazó; no se podía ofrecer a los dioses una víctima que no fuera perfecta. Así fue como el emperador quedó libre de nuevo.

Mientras que Akbar caminaba por el sendero, comprendió la sabiduría de aquellas palabras de su visir: lo que al principio parecía malo, había sido muy bueno para él. Lloró de rabia y se inclinó de rodillas delante del pozo donde había arrojado a su fiel amigo. Pero Birbal no había muerto. Le sacó lleno de alegría y se arrojó a sus pies pidiéndole perdón. El visir le contestó: "Majestad, no tiene por qué pedirme perdón; le debo la vida. Si no me hubiera arrojado al pozo, nos habrían capturado a los dos; su majestad se habría librado, pero yo sería ahora la víctima del sacrificio".